16 de mayo de 2008
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Parálisis Cerebral

El término “parálisis cerebral” agrupa una serie de trastornos que afectan el movimiento, el equilibrio y la postura del paciente. Los niños que la padecen tienen anomalías en una o más partes del cerebro que afectan su capacidad para controlar los músculos. Los síntomas pueden ser de leves a graves pero no empeoran a medida que el niño crece. Con tratamiento, la mayoría de los niños puede mejorar de forma significativa su capacidad motriz.

Muchos de los niños con parálisis cerebral tienen otros problemas que requieren tratamiento como, por ejemplo, retraso mental, problemas de aprendizaje, convulsiones, sensaciones físicas anormales (dificultades con el tacto) y problemas de visión, audición y habla.

¿Con qué frecuencia se produce la parálisis cerebral?
Por lo general, la parálisis cerebral se diagnostica antes de que el niño cumpla tres años de edad. Aproximadamente dos o tres de cada 1,000 niños sufren parálisis cerebral1 y, en los EE.UU., cerca de 800,000 niños y adultos de todas las edades la padecen.2

¿Cuáles son los diferentes tipos de parálisis cerebral?
Existen tres tipos principales de parálisis cerebral, aunque en algunos casos el paciente puede tener síntomas de más de un tipo.

Parálisis cerebral espástica. Cerca del 70 al 80 por ciento de las personas afectadas padece de parálisis cerebral espástica, en la que los músculos están rígidos y dificultan el movimiento.1 La diaplejia espástica es una forma de parálisis cerebral espástica que afecta a ambas piernas. Los niños afectados pueden tener problemas para caminar debido a que la rigidez de los músculos de la cadera y las piernas hace que estas últimas se doblen hacia adentro cruzándose a la altura de las rodillas, como un par de tijeras.  En la hemiplejia espástica, sólo un lado del cuerpo se ve afectado y, a menudo, el brazo se ve más afectado que la pierna. La más grave es la cuadriplejia espástica, en la que las cuatro extremidades, el tronco y la cara se ven afectados. Por lo general, los niños que padecen cuadriplejia espástica no pueden caminar y suelen sufrir de retraso mental, dificultades para hablar y convulsiones.

Parálisis cerebral atetoide o discinética. Cerca del 10 al 20 por ciento de las personas afectadas padece la forma atetoide de la enfermedad, que afecta a la totalidad del cuerpo.1 Se caracteriza por fluctuaciones en la tonicidad de los músculos (que pasan de estar demasiado rígidos a demasiado blandos) y, en ocasiones, se asocia con movimientos descontrolados (que pueden ser lentos y retorcidos o rápidos y espasmódicos). A menudo los niños afectados tienen problemas en aprender a controlar su cuerpo como para poder sentarse y caminar correctamente. Debido a que los músculos de la cara y la lengua pueden verse afectados, estos niños también pueden tener dificultades para succionar, tragar y hablar.

Parálisis cerebral atáxica. Cerca del 5 al 10 por ciento de las personas afectadas padece la forma atáxica de la enfermedad, que afecta el equilibrio y la coordinación.1 En algunos casos, caminan con pasos inestables y los pies separados y tienen problemas con los movimientos que requieren una coordinación precisa, como la escritura.

¿Cuáles son las causas de la parálisis cerebral?
Por lo general, la parálisis cerebral es causada por factores que interrumpen el desarrollo normal del cerebro antes del nacimiento. En algunos casos, los defectos genéticos pueden contribuir a malformaciones cerebrales y a conexiones incorrectas entre las células nerviosas del cerebro, lo que produce parálisis cerebral.2 En otros casos, son causados por lesiones en el cerebro en desarrollo del feto, como accidente cerebrovascular. Contrariamente a lo que suele pensarse, el suministro insuficiente de oxígeno al feto durante el trabajo de parto y el parto en sí sólo es responsable de la minoría de los casos de parálisis cerebral.2

Un pequeño número de bebés también sufre lesiones cerebrales durante los primeros meses o años de vida que pueden producir parálisis cerebral.2 Estas lesiones pueden ser causadas por infección cerebral (como meningitis) y lesiones en la cabeza. En muchos casos se desconoce la causa de la parálisis cerebral en los niños.

Ciertos factores de riesgo hacen que sea más probable que un bebé desarrolle parálisis cerebral. No obstante, la mayoría de los bebés con uno de estos factores de riesgo no desarrolla parálisis cerebral. Entre los factores de riesgo de parálisis cerebral se encuentran:

  • Parto prematuro. Los bebés prematuros (los que nacen antes de las 37 semanas de gestación) que pesan menos de 3 1/3 libras (1.5 kg) tienen de 20 a 80 veces más probabilidades de desarrollar parálisis cerebral que los bebés nacidos a término.3 Muchos de estos pequeños bebés padecen hemorragias cerebrales, que pueden dañar tejido cerebral delicado, o desarrollan leucomalacia periventricular, que es la destrucción de los nervios que rodean los ventrículos (las cavidades llenas de líquido) del cerebro.
  • Infecciones durante el embarazo. Algunas infecciones contraídas por la madre, como rubéola, citomegalovirus (una infección viral por lo general moderada), herpes (infecciones virales que pueden causar llagas genitales) y toxoplasmosis (una infección parasítica por lo general moderada), pueden causar daños en el cerebro y producir parálisis cerebral. Las infecciones de la madre que afectan las membranas de la placenta (corioamnionitis) pueden contribuir a la parálisis cerebral tanto en los bebés nacidos a término como en los prematuros.2 Un estudio realizado en el año 2003 por la Universidad de California en San Francisco descubrió que los bebés nacidos a término tenían cuatro veces más probabilidades de desarrollar parálisis cerebral si estaban expuestos a corioamnionitis en el útero.4
  • El feto no recibe suficiente oxígeno. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando la placenta no funciona de forma adecuada o cuando se desprende de la pared del útero antes del parto.
  • Asfixia durante el parto y nacimiento. Hasta hace poco tiempo, los médicos atribuían la mayoría de los casos de parálisis cerebral a la asfixia (falta de oxígeno) durante un parto difícil. Sin embargo, los estudios han demostrado que las complicaciones en el nacimiento, incluida la asfixia, son solamente responsables del 5 al 10 por ciento de los casos de parálisis cerebral.2
  • Ictericia grave. La ictericia, cuando la piel y la parte blanca de los ojos adquieren un color amarillo, es causada por la acumulación de un pigmento llamado bilirrubina en la sangre. Los casos leves de ictericia suelen resolverse sin tratamiento y no son nocivos para el bebé. No obstante, en algunos casos la ictericia puede ser grave. Los bebés afectados tienen altas concentraciones de bilirrubina en la sangre. Si no se la trata, la ictericia grave puede representar un riesgo de daño cerebral permanente capaz de producir parálisis cerebral atetoide. Ciertas enfermedades de la sangre, como la intolerancia de Rh, pueden causar ictericia grave y daño cerebral, lo que puede producir parálisis cerebral. La intolerancia de Rh es una incompatibilidad entre la sangre de la madre y del feto. Por lo general, puede prevenirse inyectando a las mujeres Rh negativas un producto sanguíneo llamado inmunoglobulina Rh cerca de las 28 semanas de embarazo y nuevamente después del nacimiento de un bebé Rh positivo.
  • Trastornos de coagulación sanguínea (trombofilias). Estos trastornos en la madre o el bebé también pueden aumentar el riesgo de parálisis cerebral.

¿Cuáles son algunos de los primeros signos de la parálisis cerebral?
Algunos niños con parálisis cerebral pueden tardar más tiempo en aprender a voltearse, sentarse, gatear o caminar. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan a los padres consultar al pediatra si el niño presenta algunos de los siguientes signos:5

El niño tiene más de dos meses de vida y:

  • tiene dificultades para controlar la cabeza cuando lo alzan en brazos
  • tiene rígidas las piernas y las cruza en forma de tijeras al alzarlo en brazos

El niño tiene más de seis meses de vida y:

  • estira una sola mano para alcanzar un objeto y mantiene la otra cerrada en forma de puño

El niño tiene más de 10 meses de vida y:

  • gatea empujando con una sola mano y una sola pierna mientras arrastra las otras

El niño tiene más de 12 meses de vida y:

  • no puede gatear
  • no puede ponerse de pie sin un punto de apoyo

¿Cómo se diagnostica la parálisis cerebral?
La parálisis cerebral se diagnostica principalmente evaluando de qué manera se mueve un bebé o un niño pequeño. El médico evalúa la tonicidad muscular del niño, que hace que éste pueda parecer demasiado flojo o rígido. Algunos niños tienen una tonicidad muscular variable (a veces parecen demasiado flojos y otras demasiado rígidos). El médico verifica los reflejos del niño y se fija si ha desarrollado una preferencia por su mano derecha o izquierda. Si bien la mayoría de los bebés no desarrolla una preferencia por una mano en particular hasta los 12 meses de vida, algunos bebés que padecen parálisis cerebral lo hacen antes de los seis meses. Otro signo importante de parálisis cerebral es la persistencia de ciertos reflejos, llamados reflejos primitivos, que son normales en los bebés pequeños pero que, por lo general, desaparecen entre los 6 y los 12 meses de vida. El médico también llevará una historia clínica detallada para descartar que los síntomas obedezcan a otros trastornos.

Asimismo, el médico puede recomendar la realización de pruebas de diagnóstico con imágenes cerebrales, tales como resonancias magnéticas, tomografías computadas o ultrasonidos. En algunos casos, estas pruebas ayudan a identificar la causa de la parálisis cerebral. A menudo, se recomienda realizar un ultrasonido a los bebés prematuros que se consideran con riesgo de padecer parálisis cerebral para diagnosticar anomalías en el cerebro frecuentemente asociadas con esta enfermedad. En algunos niños con parálisis cerebral, especialmente en los casos leves, las pruebas de diagnóstico con imágenes cerebrales no muestran anomalías, lo cual sugiere que los síntomas pueden provenir de pequeñas áreas microscópicas de daño cerebral. Cerca de la mitad de los bebés sospechados de tener un mayor riesgo de parálisis cerebral a los 12 meses de vida parece superar los síntomas cerca de los dos años de edad.6

¿Cómo se trata la parálisis cerebral?
Un equipo de profesionales médicos trabaja con el niño y su familia para identificar las necesidades del niño y diseñar un tratamiento individual para ayudarle a alcanzar su máximo potencial. Por lo general, el equipo es coordinado por un profesional médico y puede estar integrado por pediatras, médicos especialistas en medicina física y rehabilitación, cirujanos ortopédicos, terapeutas físicos y ocupacionales, oftalmólogos, foniatras, asistentes sociales y psicólogos.
 
Por lo general, el niño comienza la terapia física al poco tiempo del diagnóstico. La terapia mejora sus habilidades motrices (como, por ejemplo las habilidades de sentarse y caminar), aumenta la fortaleza de sus músculos y le ayuda a evitar contracturas (el acortamiento de los músculos que limita el movimiento de las articulaciones). A veces se utilizan aparatos ortopédicos, tablillas o enyesados junto con la terapia física para evitar las contracturas y mejorar la función de las manos o las piernas. Si las contracturas son graves, puede recomendarse cirugía para estirar los músculos afectados.

En algunos casos se recomienda el uso de medicamentos para reducir la espasticidad o el movimiento anormal. Lamentablemente, el tratamiento con medicamentos por vía oral no suele ser muy eficaz. A veces resulta más útil inyectar medicamentos como Botox (toxina botulínica) directamente en los músculos espásticos, ya que el efecto puede durar varios meses. Existe un nuevo tipo de tratamiento con medicamentos que ha dado resultados alentadores en niños con espasticidad de moderada a grave. Este tratamiento consiste en implantar una bomba debajo de la piel mediante un procedimiento quirúrgico para que suministre de forma permanente el medicamento antiespasmódico conocido como baclofeno.

En el caso de algunos niños que padecen parálisis cerebral espástica en ambas piernas, existe otra técnica quirúrgica llamada rizotomía dorsal selectiva, que puede reducir de forma permanente la espasticidad y mejorar la capacidad del niño de sentarse, ponerse de pie y caminar. El procedimiento consiste en identificar y recortar algunas de las fibras nerviosas presentes en la base de la columna vertebral que más contribuyen a la espasticidad. Por lo general, se recomienda únicamente para niños con espasticidad grave que no han respondido bien a otros tratamientos.2

Los terapeutas ocupacionales trabajan con el niño para ayudarle a desarrollar las habilidades necesarias para llevar a cabo actividades de la vida cotidiana como alimentarse y vestirse. Los niños con problemas de habla trabajan con un foniatra o, en casos más graves, aprenden a usar un sintetizador de voz computado que puede hablar por ellos. Las computadoras se han convertido en una herramienta muy importante para la terapia, educación, recreación y posibilidades laborales de los niños y adultos con parálisis cerebral.

Para algunos niños con parálisis cerebral pueden resultar útiles las muchas ayudas mecánicas disponibles en la actualidad, como andadores, dispositivos de posicionamiento (que permiten a niños con postura anormal ponerse de pie correctamente), sillas de ruedas especiales, patinetas especialmente adaptadas y triciclos.

¿Puede prevenirse la parálisis cerebral?
En muchos casos, se desconoce la causa de la parálisis cerebral y, en consecuencia, no se puede hacer nada para prevenirla.  No obstante, algunas causas de la parálisis cerebral pueden prevenirse eliminando o controlando ciertos factores de riesgo. La intolerancia de Rh y el síndrome de rubéola congénita solían ser causas importantes de parálisis cerebral. Actualmente, la intolerancia de Rh por lo general puede prevenirse aplicando a las mujeres embarazadas Rh negativas la terapia adecuada. Puede probarse la inmunidad de las mujeres a la rubéola antes del embarazo y, si no son inmunes, se las puede vacunar. Los bebés con ictericia grave pueden tratarse con luces especiales (fototerapia) y transfusiones de sangre (transfusiones de intercambio), cuando está indicado. Las lesiones en la cabeza del bebé y los niños pequeños a menudo pueden evitarse transportando a los bebés en sillas especiales que se fijan al asiento trasero del automóvil y mediante el uso de cascos para andar en bicicleta. La vacunación periódica de los bebés (con la vacuna Hib) ayuda a prevenir muchos casos de meningitis, otra causa de daño cerebral en los primeros meses de vida. La mujer puede ayudar a reducir el riesgo de parto prematuro si recibe atención prenatal de forma temprana y periódica (preferentemente, comenzando con una consulta previa al embarazo) y si se abstiene de fumar, beber alcohol y consumir drogas ilegales.

¿Está March of Dimes realizando investigaciones sobre la parálisis cerebral?
March of Dimes ofrece una serie de becas para el estudio del desarrollo cerebral prenatal y de los factores que pueden alterarlo. Un becario, por ejemplo, está estudiando de qué manera las células nerviosas en desarrollo en el cerebro del feto responden a una falta prolongada de oxígeno. Esto puede permitir entender mejor de qué manera la falta de oxígeno antes o cerca del parto puede lesionar el cerebro en desarrollo y de qué manera pueden evitarse o tratarse estas lesiones cerebrales. Otro becario está investigando de qué manera contribuyen las infecciones intrauterinas a lesiones en el cerebro que pueden derivar en parálisis cerebral, con el objetivo de desarrollar tratamientos a base de medicamentos para ayudar a prevenir dichas lesiones. Otro becario está estudiando incapacidades de aprendizaje específicas en los niños pequeños con parálisis cerebral para poder desarrollar mejores intervenciones.

Muchos otros investigadores subvencionados por March of Dimes están investigando otros métodos para la prevención del parto prematuro, un factor de riesgo importante de la parálisis cerebral.

Referencias
1. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Cerebral Palsy. 4 de octubre de 2004, consultado 14 de septiembre de 2007, www.cdc.gov/ncbddd.

2. National Institute of Neurological Disorders and Stroke. Cerebral Palsy: Hope Through Research. Publicación NIH número 06-159, actualizado 13 de julio de 2007, www.ninds.nih.gov/disorders/cerebral_palsy.

3. Platt, M. y otros. Trends in Cerebral Palsy Among Infants of Very Low Birthweight (<1500 g) or Born Prematurely (<32 Weeks) in 16 European Centres: A Database Study. Lancet, volumen 369, 6 de enero de 2006, págs. 43-50.

4. Wu, Y.W. y otros. Chorioamnionitis and Cerebral Palsy in Term and Near-Term Infants. Journal of the American Medical Association, volumen 290, número 20, 26 de noviembre de 2003, págs. 2677-2684.

5. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Learn the Signs, Act Early: Cerebral Palsy Fact Sheet. 7 de diciembre de 2006, www.cdc.gov/ncbddd/autism/ActEarly/cerebral_palsy.htm.

6. Pellegrino, Louis. Cerebral palsy, en Batshaw, M.L. (ed.), Children With Disabilities, Quinta edición, Baltimore, MD, Paul H. Brooks Publishing Company, 2002, págs. 433-466.

Diciembre del 2007


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